Pablo no tiene claro qué hacer de su vida; no hay nada que despierte pasión en él a diferencia de lo que les pasa a sus amigos. Con ellos arma una banda de música, sale a recorrer la ciudad y a visitar una reserva natural. Un día conoce a Guadalupe y la escucha cantar: esto cambia definitivamente su mirada sobre las cosas y le da el impulso que necesitaba para componer su propio destino.
En el pasado, la muerte de su hermano Ezequiel le develó el desamor de su propia familia. Ahora la abuela también ha muerto y él tiene una promesa por cumplir: cuidar de Sacha, el perro en cuyos ojos Ezequiel pudo mirarse hasta el final. Aquel joven dolorido es un hombre que vuelve para juntar sus pedazos e imaginar otro destino bajo el cielo del sur.